UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA EXPERIMENTAL
LIBERTADOR
INSTITUTO PEDAGÓGICO DE BARQUISIMETO
“LUIS BELTRÁN PRIETO FIGUEROA”
SUBDIRECCIÓN DE
INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO
CURSO: “DIDÁCTICA
DE LA LENGUA”
COMPETENCIAS, COMUNICATIVA,
LINGÜÍSTICA Y
TEXTUAL
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MEDIADOR:
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PARTICIPANTES:
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Prof. Josefina Calles
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-
Prof. Gisela Chirinos F
-
Prof. Vilma Álvarez M
- Prof.
Maria Roberti
- Prof. Nancy Daliah
- Lic.
Eliadis Timaure.
- Lic.
Carmen Chirinos
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Junio-2012
INTRODUCCIÓN
El ser humano en todas su historia, a buscado
la manera de comunicarse, en este sentido a tratado de aprender a escuchar, a leer,
a comprender lo que lee o escucha, comprender para aprender a pensar y por
supuesto, aprender a producir textos de manera razonada, así como aprender a
hablar en forma adecuada. Por naturaleza el hombre es un
ser social que tiende a relacionarse con los demás y es, precisamente, en esa
interrelación donde se hace posible su desarrollo; el cual es un proceso
global, dialéctico que abarca todas las dimensiones del ser y en el que
intervienen aspectos biológicos, naturales, históricos y culturales. Es
complejo y en él se integran regularmente distintas funciones y transformaciones
que enmarcan, además, el avance sistemático de las relaciones sociales.
Las personas,
deben saber leer, escribir, hablar y escuchar; es decir, saber
comunicarse, ser dinámicos al
estudiar, captar las
ideas fundamentales de textos
y redactar en
forma ordenada y coherente. Estas habilidades y potencialidades
se deben desarrollar en el estudiante en forma
fluida, activa y con la mediación oportuna del docente, con la puesta en
práctica de estrategias y de técnicas de estudio.
Por lo
antes expuesto, cabe destacar que
este informe se articula desde
tres unidades temáticas, Las competencias comunicativas, lingüística y textual, unidas coherentemente
y que se relacionan entre si, en el
proceso de la comunicación, por lo que es importante hacer mención del método
integrado de lectura, pensamiento, redacción y comunicación oral, los cuales
corresponden en esencia
a las propuestas
más actualizadas en
el proceso de aprendizaje de las habilidades
lingüísticas, comunicativas y textuales en cualquier contexto. El término competencia comunicativa se incorpora al
pensamiento científicamente estructurado en la década de los sesenta del siglo XX. Signado por la autoría
lingüística y asociado a su progenitor, el norteamericano Noam Chomsky.
“Como se comprende, ningún acto de
comunicación sucede en el vacío, dos personas que se comunican pueden actuar
significativamente tan solo si poseen una competencia comunicativa
suficientemente homogénea, que no quiere decir simplemente uniformidad de
códigos (aspecto formal); sino convergencia de disposiciones pragmáticas y por
consiguiente socioculturales, cognitivas y dinámico – afectivas” (Titone, R., 1986).
Las tres
temáticas de las cuales se hacen mención, están pensadas como guías reflexivas,
de discusión y de ayuda práctica
para cualquier estudiante; señalan conceptos
y técnicas de
trabajo intelectual, en donde el estudiante desarrolla sus propias
estructuras mentales, para estudiar mejor y aprender y comprender de manera eficiente y eficaz.
COMPETENCIA
COMUNICATIVA
En los enfoques propios del funcionalismo lingüístico, se
denomina competencia comunicativa a la capacidad de hacer bien el proceso de comunicación,
usando los conectores adecuados para entender, elaborar e interpretar los
diversos eventos comunicativos, teniendo en cuenta no sólo su significado
explícito o literal, lo que se
dice, sino también las implicaciones, el sentido explícito o
intencional, lo que el emisor
quiere decir o lo que
el destinatario quiere entender. El término se refiere a las reglas
sociales, culturales y psicológicas que determinan el uso particular del
lenguaje en un momento dado.
La expresión se creó para oponerla a la
noción de competencia lingüística, propia de la gramática generativa. Según el enfoque funcional, esta
no basta para poder emitir un mensaje de forma adecuada.
La
competencia comunicativa es la habilidad del que utiliza la lengua para
negociar, intercambiar e interpretar significados con un modo de actuación
adecuado
Según (María Stella Girón y Marco Antonio Vallejo, 1992) “La competencia comunicativa comprende las aptitudes y los conocimientos que un individuo debe tener para poder utilizar sistemas lingüísticos y translingüísticos que están a su disposición para comunicarse como miembro de una comunidad sociocultural dada”.
Desde
nuestra infancia, los seres humanos vamos adquiriendo y desarrollando una
capacidad relacionada con el hecho de saber cuándo podemos hablar o cuándo
debemos callar, y también sobre qué hacerlo, con quién, dónde, para qué y en
qué forma. Es decir, desde niños adquirimos un conocimiento no sólo de la gramática
de nuestra lengua materna sino que también aprendemos sus diferentes registros y
su pertinencia; somos capaces de tomar parte en eventos comunicativos y de
evaluar la participación nuestra y la de los otros, aún más, podemos afirmar
que esa competencia es integral, puesto que también involucra actitudes,
valores y motivaciones relacionadas con la lengua, con sus características y
sus usos, y con los demás sistemas de comunicación en general. Naturalmente, la
adquisición de tal capacidad debe estar ligada a una experiencia social, a unas
necesidades, a unas motivaciones y a una acción.
El modelo de lengua que subyace en este
concepto de competencia, implica, desde luego, que la única función de las
lenguas no es nombrar, sino que ellas también están organizadas para
lamentarse, alegrarse, rogar, prevenir, defender, atacar; están relacionadas
con las distintas formas de persuasión, dirección, expresión y juegos
simbólicos. El verdadero sentido de las lenguas humanas sólo puede llegara ser
comprendido en el ámbito natural de su uso para permitir la conversación, la
interacción comunicativa, el trato verbal cotidiano, la vida en sociedad. Así
entendidas, las lenguas dejan de ser meros sistemas semióticos abstractos,
inmanentes, ajenos a las intenciones y a las necesidades de los hablantes, y se
convierten en teatros, en espacios de representación, en repertorios de códigos
culturales cuya significación se construye y se renueva de manera permanente
por medio de estrategias de participación, de cooperación y de convicción.
La competencia comunicativa se manifiesta
tanto en los sistemas primarios de comunicación como en los sistemas
secundarios.
Los
sistemas primarios son los de la comunicación cotidiana. Sirven para el intercambio
comunicativo necesario en el desempeño de todos los roles que implica la vida
en sociedad: una llamada telefónica, una carta, un memorando, un cartel, un
noticiero radial, etc.
Los sistemas secundarios son de mayor
elaboración y complejidad. Requieren más capacidad cognitiva del
hablante-oyente real en su labor de codificar y descodificar textos, puesto que
estas comunicaciones se producen en esferas de más elaboración cultural. “La
comunicación en estos sistemas es básicamente escrita, pero también comprende
formas orales como conferencias, foros, seminarios, etc. Se trata de la
comunicación literaria, científica, técnica, sociopolítica, jurídica, y de
comunicaciones no verbales, como las artes visuales; o mixtas, como el teatro”
(Girón y Vallejo, 1992:14).
La
competencia textual:
“Es la capacidad que permite
a los usuarios de la lengua construir textos bien formados o aceptar textos de
otros como bien formados”.
“Es
la capacidad para articular e interpretar signos organizados en un todo
coherente llamado texto. La competencia textual implica las competencias
consideradas anteriormente y, además, las competencias cognitiva y semántica” (Girón y Vallejo, 1992: 20). Las características esenciales
que debe tener un texto bien formado,
son la coherencia y la cohesión.
La noción de texto ha sido objeto de
arduas disquisiciones para su definición. En nuestro caso, podemos aceptar que
un texto, “debe ser resultado de la actividad lingüística del hombre, ha de
tener incuestionablemente una específica intención comunicativa y, por último,
ha de explicitarse con suficiencia el contexto en el cual se produce” (Bernal Leongómez, 1986: 17). Sin
embargo, se define de un modo más simple como cualquier comunicación elaborada
con base en un determinado sistema de signos y dotada
de un propósito comunicativo específico.
La
competencia lingüística:
Se caracteriza por la capacidad de un hablante
para producir e interpretar signos verbales. El conocimiento y el empleo
adecuado del código lingüístico le permiten a un individuo crear, reproducir e interpretar
un número infinito de oraciones. Ese conocimiento y ese empleo se vinculan con
dos modalidades diferentes de la lengua: la lengua como sistema de signos y la
lengua en funcionamiento, en uso. La lengua como sistema de signos corresponde
al dominio semiótico, y su función esencial es significar.
La
lengua en funcionamiento, en uso, corresponde al dominio semántico, y su
función básica es comunicar.
El
objetivo de la lingüística teórica es la construcción de una teoría general de
la estructura de la lengua y el sistema cognitivo que las hace posibles. El
objetivo es tanto la descripción de las lenguas en sí mismas como caracterizar
el conocimiento tácito que los hablantes tienen de las mismas y como lo
adquieren. El objetivo de la lingüística
aplicada es el estudio de la adquisición
del lenguaje y el estudio científico de la lengua a
una variedad de tareas básicas como la elaboración de métodos mejorados de enseñanza
de idiomas.
Existe un considerable debate sobre si la lingüística es una ciencia
social,
ya que sólo los seres humanos usan las lenguas, o una ciencia
natural porque, aunque es usada por los seres
humanos, la intención de los hablantes no desempeña un papel importante en la evolución
histórica de las lenguas ya que usan las
estructuras lingüísticas de manera inconsciente. En particular, Noam Chomsky
señala que la lingüística debe ser considerada parte del ámbito de la ciencia
cognitiva o la psicología
humana,
ya que la lingüística tiene más que ver con el funcionamiento del cerebro
humano y su desarrollo
evolutivo que con la organización social o las
instituciones, que son el objeto de estudio de las ciencias sociales.
Para
situar el ámbito o el objetivo de una investigación lingüística, el campo puede
dividirse en la práctica según tres dicotomías importantes:
§
Lingüística
teórica frente
a lingüística con fines prácticos, cuyas diferencias se han señalado un poco
más arriba.
§
Lingüística
sincrónica frente
a lingüística
diacrónica. Una descripción sincrónica
de una lengua describe la lengua tal y como es en un momento dado; una
descripción diacrónica se ocupa del desarrollo histórico de esa lengua y de los
cambios estructurales que han tenido lugar en ella. Aunque en sus inicios
científicos la lingüística del siglo
XIX se
interesó ante todo por el cambio lingüístico y la
evolución de las lenguas a través del tiempo, el enfoque moderno se centra en
explicar cómo funcionan las lenguas en un punto dado en el tiempo y cómo los
hablantes son capaces de entenderlas y procesarlas mentalmente.
§
Microlingüística frente
a macrolingüística. La primera se refiere a un más
estrecho y el segundo a un más amplio punto de vista en el ámbito de la
lingüística. Desde el punto de vista microlingüístico, las lenguas deben
analizarse en provecho propio y sin referencia a su función social, no a la
manera en que son adquiridas por los niños, ni a los mecanismos psicológicos
que subyacen en la producción y en la recepción del habla, ni en la función
estética o comunicativa del lenguaje, etc.
CONCLUSIONES
Las competencias
comunicativas, lingüísticas y textual,
van íntimamente relacionadas entre si; de hecho, se entretejen
en cualquier acto
del hablante, conforman un conjunto de saberes y habilidades. De allí
que sea tan importante conocerlas y manejarlas en la lectura, escritura y
oralidad
Estas
competencias, por lo tanto, deben abrir los espacios que generen un
investigador de problemáticas sociales y, por ende, que planteen soluciones
alternativas a problemas empresariales y comunitarios.
Las competencias
comunicativas, lingüísticas y textuales son de vital importancia para que el
docente ofrezca respuestas creativas en su gestión educativa y para que guie al
estudiante y enfrente los retos tecnológicos y su competitividad en el
desarrollo humano. Por ello, el
profesional de la educación debe ser un agente de permanente cambio, un
visualizador de lo que está por venir, un propiciador de escenarios aptos para
la comprensión o sentido.
De acuerdo
con todo lo expuesto en este
informe, se busca que el
estudiante se estimule
armónicamente en la diversidad de sus facultades de comprensión, de
sensibilidad, de carácter, de imaginación y de creación: un estudiante
dispuesto y con un sistema de vida orientado
El acto
comunicativo no se entiende como algo estático, ni como un proceso lineal; sino
como un proceso cooperativo de interpretación de intenciones. No se limita a la
expresión oral; de manera simultánea se puede dar en diferentes modalidades (escuchar,
hablar, leer y escribir). Por esto requiere la capacidad de codificar y
decodificar mensajes atendiendo a las finalidades de la comunicación.
La
competencia lingüística sólo se queda en la habilidad del hablante-oyente para
manejar con fluidez todas las reglas de su lengua sobre la base de modelos de
sujetos y comunidades ideales que generan frases exclusivamente gramaticales.
Esto es una limitante para analizar al lenguaje en su actividad comunicativa
cotidiana, en su uso real dentro de un contexto determinado y más que esto, ver
cómo el individuo le da
a su habla una manera muy particular, cómo es capaz de hacer uso de una manera
creativa e ingeniosa adaptándola a diferentes contextos según lo requiera el
caso.
Por lo
anterior, y a manera de conclusión, se dice que
el enfoque comunicativo, centra su interés en el
desarrollo de la competencia comunicativa: entendida como la capacidad de
comprender un amplio y rico repertorio lingüístico dentro de esta actividad en
un contexto determinado, implica el conocimiento del
sistema lingüístico y de los códigos no verbales y de sus condiciones de uso en
función de contextos y situaciones de comunicación. En consecuencia, se propone el desarrollo de un proceso de
formación integral, en el que las ciencias socio-humanísticas deben constituir
uno de los ejes articuladores del
proceso comunicativo, incorporándose en
cada uno de los
niveles de la educación, para apoyar la
construcción conjunta de una comprensión e intervención holística de los problemas y de los fenómenos
determinantes en el proceso.
BIBLIOGRAFIA
-
DÍAZ,
Alvaro. Aproximación al texto escrito. Edit. U. de A. 1995
-
ZULETA,
Estanislao. Documento Sobre la lectura. Universidad del Valle.
-
http://www.elabedul.net/Documentos/Zuleta_la_lectura.pdf
138
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