domingo, 15 de julio de 2012

Informe de Didactica de la Lengua


REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA EXPERIMENTAL LIBERTADOR
INSTITUTO PEDAGÓGICO DE BARQUISIMETO
“LUIS BELTRÁN PRIETO FIGUEROA”
SUBDIRECCIÓN DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO
CURSO: “DIDÁCTICA DE LA LENGUA”




COMPETENCIAS, COMUNICATIVA,
LINGÜÍSTICA Y TEXTUAL






MEDIADOR:                                                                                                                                                                     
       PARTICIPANTES:
Prof. Josefina Calles
  -   Prof. Gisela Chirinos F
   -   Prof. Vilma Álvarez M
   -   Prof. Maria Roberti
   -   Prof. Nancy Daliah
   -   Lic.   Eliadis Timaure.
   -   Lic.   Carmen Chirinos
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   



Junio-2012

INTRODUCCIÓN

 El ser humano en todas su historia, a buscado la manera de comunicarse, en este sentido a tratado de aprender a escuchar, a leer, a comprender lo que lee o escucha, comprender para aprender a pensar y por supuesto, aprender a producir textos de manera razonada, así como aprender a hablar en forma  adecuada. Por naturaleza el hombre es un ser social que tiende a relacionarse con los demás y es, precisamente, en esa interrelación donde se hace posible su desarrollo; el cual es un proceso global, dialéctico que abarca todas las dimensiones del ser y en el que intervienen aspectos biológicos, naturales, históricos y culturales. Es complejo y en él se integran regularmente distintas funciones y transformaciones que enmarcan, además, el avance sistemático de las relaciones sociales.  
     Las personas, deben saber leer, escribir, hablar y escuchar; es decir,  saber  comunicarse,  ser  dinámicos al  estudiar,  captar  las  ideas fundamentales  de  textos  y  redactar  en  forma  ordenada  y coherente. Estas habilidades y potencialidades se deben desarrollar en el estudiante en forma  fluida, activa y con la mediación oportuna del docente, con la puesta en práctica de estrategias y de técnicas de estudio.
    Por  lo  antes expuesto,  cabe destacar que este informe se  articula  desde  tres  unidades  temáticas, Las competencias comunicativas, lingüística y textual, unidas coherentemente  y que se relacionan entre si, en el proceso de la comunicación, por lo que es importante hacer mención del método integrado de lectura, pensamiento, redacción y comunicación oral, los cuales corresponden  en  esencia  a  las  propuestas  más  actualizadas  en  el  proceso  de aprendizaje de las habilidades lingüísticas, comunicativas y textuales en cualquier contexto.  El término competencia comunicativa se incorpora al pensamiento científicamente estructurado en la década de los sesenta del siglo XX. Signado por la autoría lingüística y asociado a su progenitor, el norteamericano Noam Chomsky.
    “Como se comprende, ningún acto de comunicación sucede en el vacío, dos personas que se comunican pueden actuar significativamente tan solo si poseen una competencia comunicativa suficientemente homogénea, que no quiere decir simplemente uniformidad de códigos (aspecto formal); sino convergencia de disposiciones pragmáticas y por consiguiente socioculturales, cognitivas y dinámico – afectivas” (Titone, R., 1986).
     Las tres temáticas de las cuales se hacen mención, están pensadas como guías reflexivas, de discusión y de ayuda práctica  para  cualquier  estudiante; señalan  conceptos  y  técnicas  de  trabajo intelectual, en donde el estudiante desarrolla sus propias estructuras mentales, para estudiar mejor y aprender y comprender de  manera eficiente y eficaz.








COMPETENCIA COMUNICATIVA

     En los enfoques propios del funcionalismo lingüístico, se denomina competencia comunicativa a la capacidad de hacer bien el proceso de comunicación, usando los conectores adecuados para entender, elaborar e interpretar los diversos eventos comunicativos, teniendo en cuenta no sólo su significado explícito o literal, lo que se dice, sino también las implicaciones, el sentido explícito o intencional, lo que el emisor quiere decir o lo que el destinatario quiere entender. El término se refiere a las reglas sociales, culturales y psicológicas que determinan el uso particular del lenguaje en un momento dado.

     La expresión se creó para oponerla a la noción de competencia lingüística, propia de la gramática generativa. Según el enfoque funcional, esta no basta para poder emitir un mensaje de forma adecuada.
La competencia comunicativa es la habilidad del que utiliza la lengua para negociar, intercambiar e interpretar significados con un modo de actuación adecuado

     Según (María Stella Girón y Marco Antonio Vallejo, 1992) “La competencia comunicativa comprende las aptitudes y los conocimientos que un individuo debe tener para poder utilizar sistemas lingüísticos y translingüísticos que están a su disposición para comunicarse como miembro de una comunidad sociocultural dada”.
Desde nuestra infancia, los seres humanos vamos adquiriendo y desarrollando una capacidad relacionada con el hecho de saber cuándo podemos hablar o cuándo debemos callar, y también sobre qué hacerlo, con quién, dónde, para qué y en qué forma. Es decir, desde niños adquirimos un conocimiento no sólo de la gramática de nuestra lengua materna sino que también aprendemos sus diferentes registros y su pertinencia; somos capaces de tomar parte en eventos comunicativos y de evaluar la participación nuestra y la de los otros, aún más, podemos afirmar que esa competencia es integral, puesto que también involucra actitudes, valores y motivaciones relacionadas con la lengua, con sus características y sus usos, y con los demás sistemas de comunicación en general. Naturalmente, la adquisición de tal capacidad debe estar ligada a una experiencia social, a unas necesidades, a unas motivaciones y a una acción.

     El modelo de lengua que subyace en este concepto de competencia, implica, desde luego, que la única función de las lenguas no es nombrar, sino que ellas también están organizadas para lamentarse, alegrarse, rogar, prevenir, defender, atacar; están relacionadas con las distintas formas de persuasión, dirección, expresión y juegos simbólicos. El verdadero sentido de las lenguas humanas sólo puede llegara ser comprendido en el ámbito natural de su uso para permitir la conversación, la interacción comunicativa, el trato verbal cotidiano, la vida en sociedad. Así entendidas, las lenguas dejan de ser meros sistemas semióticos abstractos, inmanentes, ajenos a las intenciones y a las necesidades de los hablantes, y se convierten en teatros, en espacios de representación, en repertorios de códigos culturales cuya significación se construye y se renueva de manera permanente por medio de estrategias de participación, de cooperación y de convicción.

     La competencia comunicativa se manifiesta tanto en los sistemas primarios de comunicación como en los sistemas secundarios.
Los sistemas primarios son los de la comunicación cotidiana. Sirven para el intercambio comunicativo necesario en el desempeño de todos los roles que implica la vida en sociedad: una llamada telefónica, una carta, un memorando, un cartel, un noticiero radial, etc.
     Los sistemas secundarios son de mayor elaboración y complejidad. Requieren más capacidad cognitiva del hablante-oyente real en su labor de codificar y descodificar textos, puesto que estas comunicaciones se producen en esferas de más elaboración cultural. “La comunicación en estos sistemas es básicamente escrita, pero también comprende formas orales como conferencias, foros, seminarios, etc. Se trata de la comunicación literaria, científica, técnica, sociopolítica, jurídica, y de comunicaciones no verbales, como las artes visuales; o mixtas, como el teatro” (Girón y Vallejo, 1992:14).
La competencia textual:
“Es la capacidad que permite a los usuarios de la lengua construir textos bien formados o aceptar textos de otros como bien formados”.
“Es la capacidad para articular e interpretar signos organizados en un todo coherente llamado texto. La competencia textual implica las competencias consideradas anteriormente y, además, las competencias cognitiva y semántica” (Girón y Vallejo, 1992: 20). Las características esenciales que debe tener  un texto bien formado, son la coherencia y la cohesión.
          La noción de texto ha sido objeto de arduas disquisiciones para su definición. En nuestro caso, podemos aceptar que un texto, “debe ser resultado de la actividad lingüística del hombre, ha de tener incuestionablemente una específica intención comunicativa y, por último, ha de explicitarse con suficiencia el contexto en el cual se produce” (Bernal Leongómez, 1986: 17). Sin embargo, se define de un modo más simple como cualquier comunicación elaborada con base en un determinado sistema de signos y dotada de un propósito comunicativo específico.

La competencia lingüística:
 Se caracteriza por la capacidad de un hablante para producir e interpretar signos verbales. El conocimiento y el empleo adecuado del código lingüístico le permiten a un individuo crear, reproducir e interpretar un número infinito de oraciones. Ese conocimiento y ese empleo se vinculan con dos modalidades diferentes de la lengua: la lengua como sistema de signos y la lengua en funcionamiento, en uso. La lengua como sistema de signos corresponde al dominio semiótico, y su función esencial es significar.
La lengua en funcionamiento, en uso, corresponde al dominio semántico, y su función básica es comunicar.
El objetivo de la lingüística teórica es la construcción de una teoría general de la estructura de la lengua y el sistema cognitivo que las hace posibles. El objetivo es tanto la descripción de las lenguas en sí mismas como caracterizar el conocimiento tácito que los hablantes tienen de las mismas y como lo adquieren. El objetivo de la lingüística aplicada es el estudio de la adquisición del lenguaje y el estudio científico de la lengua a una variedad de tareas básicas como la elaboración de métodos mejorados de enseñanza de idiomas. Existe un considerable debate sobre si la lingüística es una ciencia social, ya que sólo los seres humanos usan las lenguas, o una ciencia natural porque, aunque es usada por los seres humanos, la intención de los hablantes no desempeña un papel importante en la evolución histórica de las lenguas ya que usan las estructuras lingüísticas de manera inconsciente. En particular, Noam Chomsky señala que la lingüística debe ser considerada parte del ámbito de la ciencia cognitiva o la psicología humana, ya que la lingüística tiene más que ver con el funcionamiento del cerebro humano y su desarrollo evolutivo que con la organización social o las instituciones, que son el objeto de estudio de las ciencias sociales.
Para situar el ámbito o el objetivo de una investigación lingüística, el campo puede dividirse en la práctica según tres dicotomías importantes:
§  Lingüística teórica frente a lingüística con fines prácticos, cuyas diferencias se han señalado un poco más arriba.
§  Lingüística sincrónica frente a lingüística diacrónica. Una descripción sincrónica de una lengua describe la lengua tal y como es en un momento dado; una descripción diacrónica se ocupa del desarrollo histórico de esa lengua y de los cambios estructurales que han tenido lugar en ella. Aunque en sus inicios científicos la lingüística del siglo XIX se interesó ante todo por el cambio lingüístico y la evolución de las lenguas a través del tiempo, el enfoque moderno se centra en explicar cómo funcionan las lenguas en un punto dado en el tiempo y cómo los hablantes son capaces de entenderlas y procesarlas mentalmente.
§  Microlingüística frente a macrolingüística. La primera se refiere a un más estrecho y el segundo a un más amplio punto de vista en el ámbito de la lingüística. Desde el punto de vista microlingüístico, las lenguas deben analizarse en provecho propio y sin referencia a su función social, no a la manera en que son adquiridas por los niños, ni a los mecanismos psicológicos que subyacen en la producción y en la recepción del habla, ni en la función estética o comunicativa del lenguaje, etc.




















CONCLUSIONES

     Las competencias comunicativas, lingüísticas y  textual, van íntimamente relacionadas entre si; de hecho, se  entretejen  en  cualquier  acto  del  hablante, conforman  un conjunto de saberes y habilidades. De allí que sea tan importante conocerlas y manejarlas en la lectura, escritura y oralidad
     Estas competencias, por lo tanto, deben abrir los espacios que generen un investigador de problemáticas sociales y, por ende, que planteen soluciones alternativas a problemas empresariales y comunitarios.  
     Las competencias comunicativas, lingüísticas y textuales son de vital importancia para que el docente ofrezca respuestas creativas en su gestión educativa y para que guie al estudiante y enfrente los retos tecnológicos y su competitividad en el desarrollo humano.  Por ello, el profesional de la educación debe ser un agente de permanente cambio, un visualizador de lo que está por venir, un propiciador de escenarios aptos para la comprensión o sentido. 
     De  acuerdo  con  todo lo expuesto en este informe, se busca  que  el  estudiante se  estimule armónicamente en la diversidad de sus facultades de comprensión, de sensibilidad, de carácter, de imaginación y de creación: un estudiante dispuesto y con un sistema de vida orientado
    El acto comunicativo no se entiende como algo estático, ni como un proceso lineal; sino como un proceso cooperativo de interpretación de intenciones. No se limita a la expresión oral; de manera simultánea se puede dar en diferentes modalidades (escuchar, hablar, leer y escribir). Por esto requiere la capacidad de codificar y decodificar mensajes atendiendo a las finalidades de la comunicación.
     La competencia lingüística sólo se queda en la habilidad del hablante-oyente para manejar con fluidez todas las reglas de su lengua sobre la base de modelos de sujetos y comunidades ideales que generan frases exclusivamente gramaticales. Esto es una limitante para analizar al lenguaje en su actividad comunicativa cotidiana, en su uso real dentro de un contexto determinado y más que esto, ver cómo el individuo le da a su habla una manera muy particular, cómo es capaz de hacer uso de una manera creativa e ingeniosa adaptándola a diferentes contextos según lo requiera el caso.
     Por lo anterior, y a manera de conclusión, se dice que  el enfoque comunicativo, centra su interés en el desarrollo de la competencia comunicativa: entendida como la capacidad de comprender un amplio y rico repertorio lingüístico dentro de esta actividad en un contexto determinado, implica el conocimiento del sistema lingüístico y de los códigos no verbales y de sus condiciones de uso en función de contextos y situaciones de comunicación. En consecuencia, se propone el desarrollo de un proceso de formación integral, en el que las ciencias socio-humanísticas deben constituir uno de los ejes articuladores  del proceso  comunicativo,  incorporándose  en  cada  uno  de  los niveles de la educación, para apoyar  la construcción conjunta de una comprensión e intervención holística  de los problemas y de los fenómenos determinantes en el proceso.



BIBLIOGRAFIA

-       DÍAZ, Alvaro. Aproximación al texto escrito. Edit. U. de A. 1995

-       ZULETA, Estanislao. Documento Sobre la lectura. Universidad del Valle.

-       http://www.elabedul.net/Documentos/Zuleta_la_lectura.pdf
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